Las ocho ramas del yoga, también llamadas ashtanga yoga, son el esquema que Patanjali expone en los «Yoga Sutras», uno de los textos fundamentales de la filosofía india. Nadie conoce la fecha exacta en que se escribió: los estudiosos lo sitúan hacia el cambio de era o en los primeros siglos de nuestra era.
El esquema se cita a menudo, pero casi nunca se explica qué papel tiene en él la ética. En el bloque siguiente, la app resume cada rama en pocas líneas; luego verás cómo se conectan con lo que haces en el mat.
En los Yoga Sutras, el sabio Patanjali describió el yoga como un camino de ocho ramas: el ashtanga yoga, literalmente «yoga de ocho ramas» (no confundir con el estilo atlético del mismo nombre). Estas ramas no son una escalera en la que cada peldaño se abre solo después del anterior, sino facetas de una misma práctica que se desarrollan juntas.
1. Yama — principios éticos hacia el mundo: no violencia, veracidad, no robar, moderación y desapego.
2. Niyama — principios hacia uno mismo: pureza, contentamiento, disciplina, autoestudio y dedicar la práctica a algo superior.
3. Asana — una posición del cuerpo estable y cómoda. Es el «yoga físico» con el que la mayoría empieza. En el sentido clásico, la asana prepara el cuerpo para permanecer sentado e inmóvil durante mucho tiempo.
4. Pranayama — el control de la respiración y, a través de ella, de la energía y del estado de la mente.
5. Pratyahara — retirar los sentidos de los objetos externos y dirigir la atención hacia adentro. Ocurre de forma natural en Savasana y en el pranayama profundo.
6. Dharana — concentración, mantener la atención en un solo objeto.
7. Dhyana — meditación, un flujo ininterrumpido de atención.
8. Samadhi — absorción completa, un estado de unidad.
En esta app trabajas con la tercera y la cuarta rama, la asana y el pranayama, mientras que las secciones de teoría te ayudan a acercarte a las dos primeras. Eso basta para que tu práctica deje de ser solo ejercicio y se convierta en yoga.
Ramas externas e internas
En los «Yoga Sutras», las tres últimas ramas, dharana, dhyana y samadhi, se describen como internas en comparación con las cinco primeras. Patanjali las reúne bajo una sola palabra: samyama. Las cinco primeras se ocupan de la conducta, el cuerpo, la respiración y los sentidos, y se pueden entrenar de forma consciente.
Las tres últimas ya no son ejercicios, sino estados de la mente que surgen cuando las ramas externas están bien asentadas. Pratyahara funciona como puente entre ambas mitades: la atención ya se ha retirado de lo exterior, pero aún no se ha reunido en un único punto.
Llama la atención que los sutras dediquen a la asana solo tres aforismos breves: la postura ha de ser estable y cómoda, y en ella se suelta el esfuerzo que sobra. Las descripciones detalladas de cientos de posturas llegaron mucho más tarde, con los textos de hatha yoga.
Dónde aparecen las ramas en el mat
Dhyana y samadhi no se pueden ejecutar siguiendo unas instrucciones, como se hace con una postura. El texto los presenta como el fruto de un trabajo largo y regular con las ramas anteriores, y por eso la app no tiene ejercicios propios para ellos.
Por qué el yoga necesita la ética
No es casual que yama y niyama abran la lista. Una mente enredada en conflictos, resentimientos y prisas sostiene mal la atención incluso en una postura sencilla. Los principios de las dos primeras ramas la vuelven más serena y más honesta, y por eso se colocan antes que las asanas. Los analizamos con detalle en los artículos sobre yama y niyama.