Yama es la rama con la que empieza la lista de ocho en los «Yoga Sutras» de Patanjali. Agrupa cinco principios de conducta: ahimsa, satya, asteya, brahmacharya y aparigraha. La palabra se suele traducir como «freno» o «contención». Debajo encontrarás cada principio tal como lo explica la app, y después, ejemplos de cómo se ven los yamas en una práctica de asanas cualquiera.
Yama es la primera rama del yoga: cinco principios sobre cómo nos relacionamos con el mundo que nos rodea. No son mandamientos ni prohibiciones, sino orientaciones que eliminan el ruido interior innecesario, ese mismo ruido que estorba tanto en la meditación como en un día cualquiera.
1. Ahimsa — no violencia. No causar daño con actos, palabras ni pensamientos, ni a los demás ni a ti. En el mat, ahimsa es bastante literal: no fuerces los músculos por ambición y respeta lo que tu cuerpo puede hacer hoy. Una lesión provocada por el ego también es violencia.
2. Satya — veracidad. Honestidad con los demás y contigo. En la práctica significa ver tu estado con claridad: reconocer el cansancio y elegir una versión suave de la postura en lugar de fingir fuerza.
3. Asteya — no robar. Es más amplio que «no robar cosas»: no apropiarte del tiempo, la atención, los méritos ni la energía de otros. Y tampoco robarte a ti: por ejemplo, horas de sueño o de recuperación.
4. Brahmacharya — moderación, un uso sabio de tu energía. Históricamente significaba abstinencia; en una lectura moderna, significa no derrochar tus fuerzas en estímulos interminables y reservar energía para lo importante.
5. Aparigraha — no acumular, desapego. No aferrarse a las cosas, los resultados ni las expectativas. En la práctica, significa no apegarse al progreso: hoy tu flexión hacia adelante es más profunda, mañana no, y está bien.
Prueba un ejercicio sencillo: elige un principio para la semana y observa dónde aparece a lo largo del día. Los yamas no funcionan cuando lees sobre ellos, sino cuando los notas en los pequeños detalles.
Los yamas mientras practicas
- Ahimsa. En la flexión hacia adelante sentada, dobla las rodillas e inclínate desde la pelvis, en vez de tirar de ti con las manos hacia los pies.
- Satya. La respiración es más sincera que cualquier espejo: si en la postura de la silla se te entrecorta, ya has pasado tu límite, por muy bien que se vea la postura desde fuera.
- Asteya. No te quites savasana para ganar cinco minutos. Si andas con poco tiempo, haz menos rondas de saludo al sol y conserva la relajación.
- Brahmacharya. Reparte la intensidad: después de «Intensivo avanzado», puedes dedicar el día siguiente a una tranquila «Práctica yin».
- Aparigraha. No persigas la forma final. La postura del loto o el split frontal llegan tras meses de preparación, y ese plazo es normal.
Cómo se relacionan los yamas entre sí
Los cinco principios se apoyan unos en otros. Los comentarios clásicos a los sutras ven en ahimsa la raíz de todos los demás: una verdad dicha con intención de herir ya se aleja de la no violencia. Aparigraha hace más fácil asteya: cuanto menos te aferras al resultado, menos ganas tienes de quedarte con la atención o el mérito de otra persona. Por eso da igual por cuál empieces; los demás vendrán detrás.
Los yamas fuera del mat
Patanjali llama a los yamas «gran voto» cuando se respetan siempre, sin importar el lugar, el momento ni las circunstancias. Para alguien de hoy son más una brújula que una regla sin excepciones. En el mismo capítulo aparece un consejo muy práctico: cuando surge un pensamiento que lleva a hacer daño, piensa deliberadamente en lo opuesto.
Así, ahimsa no empieza por los actos, sino por cómo te hablas a ti después de un mal día.