Mucha gente se salta savasana porque la toma por un simple descanso, cuando en realidad es lo que cierra la práctica. La técnica paso a paso y los apoyos para la postura están en la ficha de la asana. Este artículo va de la habilidad de relajarse en sí: para qué sirve savasana, por qué cuesta tanto quedarse inmóvil y cómo se aprende.
Primero leerás lo que dice la app y, después, recursos para cuando la mente no para.
Savasana es la postura de relajación completa con la que termina cada práctica. Vista desde fuera, es simplemente estar boca arriba, pero la tradición la considera una de las asanas más difíciles: al cuerpo le resulta fácil quedarse quieto; a la mente, detenerse le cuesta mucho.
Por qué la necesitas. Durante la práctica, el cuerpo recibe muchos estímulos nuevos: estiramientos, trabajo de fuerza, posiciones poco habituales. Savasana es la fase de integración, en la que el sistema nervioso «guarda» los resultados. Saltártela es como cerrar un documento sin guardar los cambios.
Incluso después de una práctica corta, dedícale al menos dos o tres minutos.
Cómo hacerla:
— Ponte boca arriba, con las piernas un poco más separadas que el ancho de las caderas, los brazos a lo largo del cuerpo y las palmas hacia arriba. Si sientes tensión en la zona lumbar, coloca un cojín bajo las rodillas.
— Recorre tu cuerpo con la atención de abajo arriba: pies, piernas, pelvis, abdomen, pecho, brazos, hombros, cuello y cara. Observa cada zona y suéltala. Presta especial atención a la mandíbula, la lengua y los ojos: ahí se esconde la mayor tensión.
— Deja de controlar la respiración. Permite que sea como quiera ser.
— Llegarán pensamientos, y es normal. No luches contra ellos: obsérvalos, suéltalos y vuelve a la sensación de peso del cuerpo.
Salir de Savasana es igual de importante: profundiza la respiración, mueve los dedos, estírate, gira hacia el lado derecho y solo entonces siéntate con suavidad. Levantarse de golpe borra la mitad del efecto.
Por qué cuesta relajarse
La mente está acostumbrada a recibir una tarea a cada segundo. Cuando el cuerpo se queda quieto, la atención busca algo que hacer: planes, conversaciones, la lista de pendientes. No es un fallo ni una señal de que savasana no te sale.
Relajarse es una habilidad, y crece con la repetición, igual que la flexibilidad o el equilibrio.
El cuerpo también influye. Si después de la parte activa no hubo tiempo para enfriarte, el corazón sigue latiendo deprisa y cuesta mucho quedarse inmóvil. Por eso, antes de savasana, las rutinas suelen incluir posturas suaves en el suelo, como la torsión reclinada o rodillas al pecho.
Recursos para una mente inquieta
- Cuenta las exhalaciones de diez a uno. Si te pierdes, vuelve a empezar desde diez.
- Escucha los sonidos: primero los lejanos, al otro lado de la ventana; luego los cercanos, dentro de la habitación; y al final, tu propia respiración.
- Alarga la exhalación un poco más que la inhalación, como en la respiración yóguica completa, y pasado un minuto deja de contar.
- Antes de savasana, quédate un rato en piernas arriba en la pared. Así terminan, por ejemplo, las rutinas «Antes de dormir» y «Práctica yin».
Si te incomoda estar boca arriba
Savasana también se puede hacer boca abajo: es la postura del cocodrilo, con la frente apoyada en los antebrazos cruzados. A partir del segundo trimestre de embarazo, la posición boca abajo no es adecuada. Otra opción es acostarte de lado con un cojín entre las rodillas.
Lo único imprescindible es que el cuerpo no tenga que sostener nada.
Savasana y yoga nidra
Cuando savasana se alarga y una voz guía la atención por el cuerpo y por distintas imágenes, recibe el nombre de yoga nidra. Dura más que la relajación con la que acaba una sesión y se practica por separado.